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Hoy sí que hemos sufrido, y mucho. Ahora, mientras escribo esta crónica, mis manos siguen temblando. Padre sufridor donde los haya, al igual que todos los papás que hoy estaban presentes en este gran partido, reconozco que lo he pasado francamente mal, pero me siento muy feliz por el gran resultado obtenido y por la capacidad demostrada por nuestro equipo, para salir de situaciones complicadas como la de hoy.
Durante el día de hoy, mientras pensaba en el partido de esta tarde, algo me decía en mi interior, que no iba a ser fácil. Además, llevábamos 10 partidos ganados de 10 jugados, y salvo el día del Sencelles, no habíamos vivido ningún encuentro en el que el resultado de victoria pudiera peligrar. Esto no era normal, y en algún momento, alguien debía pegarnos un susto. Y ese rival ha sido el Calvià.
Desde el primer minuto de partido, he visto un rival con una extraordinaria intensidad en su juego, muy defensivo y contundente, y presionando cada jugada nuestra. Como el juego de toque no era su especialidad, jugaban el balón por alto, y buscaban en largo a su único punta. Entiendo que eran las armas de que disponían, y las han utilizado a la perfección.
Los primeros efectos de su juego sobre el nuestro, no se han hecho esperar: no nos dejaban combinar con comodidad, ni nos permitían recibir fácil, ni desmarcarnos con libertad, ya que siempre teníamos uno o dos niños encima. Además, hemos ido contagiándonos del juego aéreo de nuestro rival, que para nada nos convenía, y hemos caído en esa inercia, que no nos llevaba a ninguna parte. Nos estábamos olvidando de nuestros patrones básicos de juego, no eramos nosotros, y el rival estaba realizando su partido de forma magistral. Con todos estos ingredientes sobre el terreno de juego, sólo se podía esperar una cosa: partido muy complicado para nuestros niños.
Nada más arrancar el encuentro, en la grada, ya percibimos lo complicado que iba a ser el encuentro: el delantero rival recoge una pelota alta a la espalda de nuestra defensa, y la coloca dentro de nuestra portería. 1-0. Por suerte, nuestro equipo se rehace un poco, y logra empatar de inmediato: 1-1. Pero nuestro juego no era fluido, no estábamos entonados, nuestros movimientos eran lentos y previsibles, nuestros pases no eran precisos, y sin embargo el rival mostraba una intensidad bárbara, digna de alabanza.
En una jugada un poco extraña, en la que desde nuestra posición parecía que el balón se le había escapado al Calvià por la línea de banda, el juego sigue, y en una serie de despropositos, el balón acaba dentro de nuestra portería: 2-1, y el encuentro de ponía duro de verdad. También, por suerte para los nuestros, encontramos pronto el empate. No estábamos jugando bien, y disponíamos de pocas oportunidades de gol, pero, en una jugada embarullada en el área del Calvià, nuestro delantero cae al suelo, y el árbitro pita penalty. Desde mi posición no lo pude ver, y no sé si fue o no. Vi al niño en el suelo gritando y escuché algún golpe, podría haberlo sido. Por lo que escuché de parte de nuestra peña "Ultra Sur" creo que el árbitro se equivocó, pero la jugada parecía propicia para poder equivocarse. Lanzamos el penalty y 2-2. Pero la cosa, no acaba aquí: en la siguiente jugada de ataque del Calvià, y posiblemente consciente de su error en el penalty anterior, el árbitro nos pitó un penalty en contra por mano de uno de nuestros jugadores, más que dudosa y que si lo era, parecía más fuera del área que dentro. Lanzan el penalty, nuestro portero realiza una extraordinaria parada, pero en el rechaze, el delantero del Calvià consigue marcar: 3-2, y nos vamos al descanso, dolidos por nuestro mal juego, y enrrabietados por la incómoda situación en la que se colocaba el partido.
Durante el descanso, me consolaba a mi mismo, diciéndome: tranquilo Diego, esto va a ser un Sencelles segunda parte. Y lo fue. No sé que les dice nuestro técnico a los niños en estas situaciones límite, pero la verdad es que los niños salieron enchufados, y en un par de minutos ya habíamos remontado el resultado: 3-4. Pero este resultado no me tranquilizaba. Este rival había demostrado que era capaz de marcar gol con muy poco, y necesitábamos un poco más de renta, para poder respirar tranquilos. Lo intentábamos, pero el gol de la tranquilidad no llegaba. Hasta casi el final del tercer cuarto, en el que una pelota llovida es enganchada por nuestro delantero en remate acrobático, y se introduce por la escudra derecha de la portería rival: 3-5, y final del tercer cuarto, un poco de aire para nuestros niños, para nuestros técnicos y para los papás, que no habíamos parado de sufrir.
Durante el último cuarto, nos dedicamos a guardar la renta conseguida, sin renunciar a jugadas de contragolpe, tras robos de pelota a nuestro rival. Nuestros niños tiraron de experiencia, para conservar un marcador que nos había costado mucho alcanzar. Mientras, el Calvià lo siguió intentando e intentando, sin perder la fe en ningún momento. ¡Bravo por este rival y mi más sincera enhorabuena para ellos y sus técnicos, por trabajar y pelear tanto! Hasta el día de hoy, es el rival que más complicado nos lo ha puesto.
No me quiero olvidar de los nuestros: enhorabuena chavales, habéis sabido sufrir, y habéis sacado la casta necesaria en el momento necesario. Cuerpo técnico : vuestras "broncas" funcionan. Y peñas de padres: perfectas. Habéis chillado, animado y estado a la altura de las circunstancias.
Esperábamos encontrar una piedra y encontramos algo más duro, pesado y consistente, y tuvimos que hacer un gran esfuerzo para apartarlo del camino hacia nuestro sueño. Este sábado, es decir, en menos de dos días, otra piedra amenaza con dificultar nuestro paso, y no nos queda más remedio que volver a sacar fuerzas de donde sea, para poder apartarla, y continuar avanzando.
Nadie puede fallar el sábado, todos con el equipo. Nos quedan cuatro finales, y este sábado, contra el Santa Catalina, hay que ganar la primera. Peñas "Ultra Sur" y "Mamás del Salla B", allí os espero. Hasta el sábado, os dejo con nuestro grito de guerra: 1, 2, 3...SALLE! 1, 2, 3... SALLA!
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